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Contexto Histórico de la Habana – II

Comienza la fortificación de la ciudad, nucleada ya como centro coordinador del comercio español, en un mar infestado de piratas. El Gobernador establecerá su sede en el Castillo de la Real Fuerza, bastión iniciado.por el gobernador Hernando de Soto sobre el propio solar del primigenio fuerte de troncos, diseñado ahora en canterìa según los cánones bélicos de la campaña de Italia (1538). En uno de sus angulos sobresale el Torreón de San Lázaro llamado también de la Espera en recuerdo de Dª Inés de Bobadilla esposa del gobernador que partio a la conquista de la Florida. A la torre recién construida, cuentan lenguas que cada tarde subía la gobernadora para contemplar el horizonte, en el que soñaba ver aparecer de regreso las velas de su esposo. Pero nunca volviò. La mayor parte de la mucha gente que con èl partio a conquistar Florida moriría allí, en detrimento de las escasas hacienda y población cubana.

La Habana asume la capitalidad de la isla (1563) siendo nombrada Capitanía General a partir del año 1581. El Adelantado Pedro Menéndez de Avilés que agrega La Florida a la Gobernación de Cuba, reforma y moderniza las defensas y el antiguo Hospital-Colegio de la ciudad para atender solo a militares convalecientes de esta campaña contra los hugonotes establecidos en aquellos litorales: a partir de entonces se le nombrará como  Hospital Real de San Felipe y Santiago de La Habana (1567). Regentado mas tarde por los hermanos sanjuaninos (1603), se inicia en él la asistencia de enfermería; empezará a conocerse desde entonces como hospital general San Juan de Dios. Los hermanos iban también a constituirse en enfermeros del hospital flotante que a bordo de la nao Almiranta de la Flota de Indias, iba y venía de Sevilla. Se crea tambien la figura del “artillero mayor”(1576), lombardero con superior entrenamiento y formación cuya capacitación iba a ser en adelante responsabilidad de la Casa de Contratación de Sevilla. Hasta entonces no se disponía de esa formación en su Universidad de Mareantes, y admitía aspirantes europeos no españoles, entre los que había supuestos artilleros flamencos y valones que << los más de ellos son ingleses que vienen a reconocer puestos y fuerza, y corren toda esta costa >>, con lo cual se pone en evidencia el peligroso espionaje a que están siendo sometidos los “cagafuegos” que guardan la Flota de Indias y las defensas de los puertos-llave del Caribe. En estos enclaves se había comenzado ya la profesionalización y permanencia de guarniciones militares fijas, ante la indiferencia mostrada por las nuevas generaciones de colonos y pobladores, algunos de los cuales ignoraban el manejo de las armas de fuego. Los primeros pobladores convertidos por las circunstancias en “hombres de guerra”, habíanse transformado por mor de sus haberes en inoperantes “hombres de paz”, que a lo sumo cuando las circunstancias apremiaban, ofrecían esclavos para defender lo que personalmente deberían afrontar obligados por ley. No solo con derramas impositivas, sino con su propia sangre. A instancia del Gobernador de La Habana, la Corona toma conciencia de dotar su fuerza profesionalizada con piedra de azufre y salitre, para que sean ellos quienes fabriquen en adelante su propia dotación de pólvora, con lo que de simplificación procedimental suponía tal medida en el entramado defensivo del Caribe. Los soldados mutilados de guerra pasan como pensiónados a formar y enseñar el manejo de armas y los rudimentos de la disciplina militar a jóvenes inexpertos en edad de ocasional leva.Y su astillero empieza a suministrar barcos de elevado porte con 600 toneladas y más, de maniobreros cascos reconocidos por su buen andar y maderas de gran durabilidad y resistencia a la broma: esas mismas preciosas maderas que Felipe II ha instalado en su retiro de El Escorial. Como en Santo Domingo y Cartagena de Indias, se crea una tercera armada con dos galeras y 250 hombres de guerra, a fin de combatir con eficacia la piratería in crescendo de aquellas costas. Tales naves habían sido consideradas por la Universidad de la Mar de Sevilla, como las naves idóneas para la represión pirática. El escaso calado de sus cascos y su moción a vela y remo, las hacía sumamente operativas en aguas someras, y por tanto inmejorables para maniobrar en aguas del sur de la isla, plagada de playotes, cayos y bajíos. Se dotan sus remos con galeotes provenientes de la fuerza bruta que labora en fuertes y murallas habaneras, pero iban a ser de vida efímera, porque << dada la mala disposición de los indígenas para la boga >>, era problemático mantener sus tripulaciónes de bogantes.

En esta época la ciudad organiza su urbanismo empezando a zunchar con un muro perimetral de paulatino avance, el caserío, sus conventos, sus parroquias y cuatro plazas que ya perfilan su futuro, en un entramado urbano que al principio se trazó ortogonal, pero que andando el tempo constructivo por intereses particulares y mor ciudadana acabaron deformando algunos solares adaptándolos al relieve. Diseñada hacia 1520 junto al sitio que ocupara el primer templo de la villa, la inicial Plaza de la Iglesia pasó a llamarse Plaza de Armas con la siguiente centuria, cuando se le incorpora el solar que fue de la abrasada iglesia matriz. Sirvió desde un principio como patio de alivio para movilidad y maniobra de las tropas acuarteladas de la Real Fuerza. Una vez levantado el Convento de San Francisco (1548), su descampado adjunto, muelle de carga-descarga para galeones y semanal mercadillo, pasó a llamarse Plaza de San Francisco. Para resguardar el silencio durante la oración de los monjes, el mercado y su bullicioso mundo fue desplazado a un cercano descampado conocido entonces como Plaza Nueva y hoy como Plaza Vieja (1559) donde pasaron a congregarse algunos edificios de soportales bajo miradores y celosías de madera al estilo canario. Póximo al Castillo, los jesuitas crearon un seminario, frente al cual existía ya un canal de abastecimiento de agua potable que en aquel punto entroncaba con la Zanja Real. Una suerte de aliviadero que encharcaba la zona con agua sobrante, y que vino por ello a recibir el nombre de Plaza de la Ciénaga, posterior centro neurálgico de convivencia ciudadana conocido como Plaza de la Catedral a partir de su desecado y cubrición de atajeas. El edificio iniciado como seminario jesuita acabó siendo la Parroquia Mayor y finalmente Catedral de la Habana con los propios planos por ellos trazados, tras la expulsión de la Compañía de Jesús por Carlos III. (1788).

El sistema de flotas y expediciones a partir de 1561 va a variar de itinerario. Zarpa de Sevilla dos veces al año, una con destino a Veracruz, conocida como Flota de Nueva España y otra con destino primero a Nombre de Dios, después a Portobelo, conocida como Flota de Tierra Firme. Desde 1574 cada una de ellas navegará protegida por su Capitana en punta con bandera en palo mayor, y su Almiranta atrás cerrando el despliegue con su Cruz de Borgoña en el trinquete. Reunidas de nuevo en la Habana sus naves artilladas vuelven en conserva  hacia Sevilla ahora bajo la denominación de “Flota de Indiaso Carrera de Indias. El peligro corsario se ha multiplicado, pero las precauciones defensivas y tácticas, tambien. Una vez en mar abierta, enfilaba la Flota hacia Florida hasta atravesar el peligroso canal de las Bahamas y seguir costa adelante para  tomar rumbo oceánico hacia el Cabo San Vicente en la costa S.O. de Portugal. Los “Galeones de la Plata”, naves reales revestidas de plomo e identificadas con doble fanal, navegaban en medio de este despliegue naval arropadas por el resto de navíos para su defensa a ultranza. Ellas portaban el preciado metal con que los comerciantes de Lima y México habían pagado en  Portobelo y Veracruz los productos peninsulares adquiridos o contratados en sus ferias. Ellas atesoraban en moneda y lingotes de ley, junto al Quinto Real, todas las demás tasas al beneficio minero y comercial que como súbditos de la Corona debían pagar  << nuestros súbditos de estos reinos >>. A su paso por las Azores tomaba aguada la Flota en la Isla Tercera, donde se “hacían lenguas” de las velas avistadas en su entorno los últimos meses… Quedaba la etapa más peligrosa del periplo, donde piratas y corsarios berberiscos, franceses, holandeses e ingleses, aguardaban como caimán a boca de caño, el más importante botín del mundo. Siempre a la espera de una dispersión de velas bajo temporal, o el malhadado retraso de cualquier merchanta averiada,  para caer sobre el animal herido. Porque la flota desplegada en orden y formación de avante, solo podía ser atajada por otra formidable formación naval, inexistente a la sazón. Solo despojos podían apetecer de ellas los merodeantes y osados corsarios. En tierra, la construcciòn del Castillo de San Salvador de la Punta (terminado 1600) y sobre todo el poderoso Castillo de los Tres Reyes del Morro (terminado 1589) eran una poderosa arma disuasoria de piráticos empeños en el entorno portuario de la habanera Llave de América.

Los miles de tripulantes, militares y pasajeros de la “Flota de Indias”, permanecían largas temporadas en La Habana, a la espera del tiempo propicio para hacerse a la vela. Esos meses de febril trasiego humano, potenciaba el comercio y enriquecía a sus ciudadanos. Los transeúntes consumían viandas, además de adquirir productos locales de neto valor añadido en España. Los barcos regresaban repletos de los preciados “ultramarinos”. Pero tras la marcha de la flota, escaseaban en tierra los alimentos y mercancías, lo que potenciaba una severa inflación estacional, además del brote de fiebres y contagios contraídos de la población flotante. La llegada cíclica de nuevos colonos y esclavos negros, lograba regularizar las compras compulsivas de un mercado convulso. El tabaco y la ganadería porcina y vacuna, estaban convirtiéndose en el motor  de progreso del agro cubano, y lo iba a ser por más de una centuria. La plantación de caña de azúcar con sus ingenios y trapiches, pujaría más tarde con renovado impulso la producción isleña, a la vez que incorporaba numerosas familias canarias portadoras de técnicas experimentadas de producción azucarera al crisol étnico de Cuba.

En 1586 el pirata inglés Francis Drake aparece con su escuadra de 30 naves frente a la bahía de La Habana. Las nuevas fortificaciones de la ciudad y la presencia de 900 arcabuceros detectada por sus infiltrados escuchas, le decide a buscar otra presa mas facil y rentable para su sindicato de Plymouth. En retirada la flota inglesa, es capturada por naves españolas salidas en su persecución una urca rezagada, cuya tripulación es traida a la ciudad para ser ahorcada.  Alegando que no han causado daño alguno, será su vida perdonada a cambio de trabajos forzados en la construcción de la muralla. En 1592 Felipe II le concede el título de ciudad y la proclama como Llave del Nuevo Mundo y antemural de las Indias Occidentales, dando a la imprenta y al halago en campo de azur, sus tres castillos de guarda y la llave de oro que representa su acceso como antesala de América. Los 4.000 habitantes que alberga por entonces La Habana, pasarán a 30.0000 un siglo después, y a 75.000 en 1775.

La plaga corsaria con sus múltiples imposturas, añagazas, y tretas o disimulos, había obligado a imponer en los puertos españoles toda una gama de intercambios de señas y contraseñas entre las naves en arribo y la autoridad portuaria, en evitación de subrepticios engaños. Banderas arriadas, gallardetes equívocos, flámulas e insignias castellanas, para colarse de matute en puerto ajeno donde cometer sus fechorías al arrimo del factor sorpresa. Experimentados por estas prácticas delictivas en carne propia, los puertos antillanos impusieron para el acceso de velas entrantes todo un protocolo a base de salvas de las baterías de costa, para que las naos entrantes << amainen y hagan señales de paz >> inconfundibles. A esta señal debían responder con otra salva a bandera izada, caso contrario serían cañoneados. A partir de la infiltración pirata del jamaicano John Davis en San Agustín de la Florida (1668), se impuso además la prohibición de entrar o salir de puerto durante las horas de noche, del ocaso al orto. Después del ocaso quedaba suspendida la actividad del surgidero: todo barco entrante debía esperar a la salida del astro diurno para solicitar entrada. Mandaría entónces un bote a la comandancia del puerto, que identificara nave matriz, carga y capitan, solicitando para ella el correspondiente permiso de entrada. A partir de 1680 el protocolo se vería complejizado con el acceso de las escuadras de la Guarda de Indias. La nao capitana de la Armada de Tierra Firme, con su bandera en el tope del mástil, al acceder a La Habana, debia disparar una vez frente al Castillo del Morro y otras tres al dejarlo por babor rumbo a la bocana; en tanto que si era la capitana de la Armada de Nueva España dispararía dos y tres veces respectivamente en idénticas posiciones y con la misma enseña izada. Estas órdenes, emitidas por el Gobernador y Capitán General de Cuba eran secretas y trocadas con frecuencia en evitación de su descifrado por espías y corsarios.

 
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Contexto Histórico de Santo Domingo (actual República Dominicana) – I

Cristóbal Colón en su primer viaje (1492) descubre la isla llamada Quisqueya por los nativos tainos, que denominará La Española. El primer asentamiento europeo empieza a conformarse en ella un año después al este del río Ozama (2º viaje), aunque será fundado oficialmente como ciudad por su hermano Bartolomé con el nombre de Isabela (1496) en honor de la Reina Católica. Años después, destruida por un huracán, será refundada al otro lado del río Ozama por Nicolás de Ovando (1502), con el nombre de Santo Domingo de Guzmán, el ejemplar hidalgo burgalés del siglo XIII. Recibirá como escudo ciudadano una llave en palo coronada entre dos leones rampantes y bordura con escaques blanquinegros del apellido Guzmán, según Real Cédula (1508) del Rey Fernando. La llave como símbolo de la ciudad que iba a ser la Puerta de un Nuevo Mundo.

El aragonés rey Fernando el Católico ha intuido rápidamente la importancia del dominio atlántico y proyecta establecer una base firme del poder español en el Caribe, y no una factoría mercantil de trueque al estilo mediterráneo de Venecia o portugués del Índico. En ella se aplicarán las leyes y libertades municipales de Castilla y por tanto los nativos han de ser tratados como a todo súbdito de su rey corresponde. Bajo la Corona juntan los Reyes Católicos los reinos que por herencia o conquista han merecido: desde Aragón, Castilla, Nápoles, Sicilia, Navarra y Génova, hasta << nuestros nuevos reinos de América >> en decires de la castellana reina Isabel.st

Los primeros años del establecimiento español en la isla son onerosos. Como primera disposición se introduce la desconocida rueda, sin la cual no puede haber transporte eficaz de mercancías, ni ruecas para hilar, ni tornos de alfarero, ni norias para el riego de secanos, ni ingenios donde procesar la caña de azúcar como se labora en Canarias, ni futuro. Aquellas tierras pueden dar algodón, caña de azúcar, café, además de la yuca y maíz autóctonos, incluso oro y perlas. Y por ello, la rueda radiada de herencia celta, con llanta y cubo de hierro, va a propagarse por toda costa donde el europeo llega, dejando ver su esbelta e inconfundible silueta por las Indias todas. Como también lo hacen los distintos aperos de labranza según procedencia del colono que los trabaje, y sobre todos ellos, el rey arado que labrará los campos desbrozándolos de maleza. Pese a este primer esfuerzo inversor, Colon atraviesa graves dificultades como virrey tras su 2º viaje, dada la radical oposición de sus ideas mercantilistas de inspiración genovesa, versus las del Rey Católico de visión universal, que ordena aplicar sin ambages la tradición repobladora castellana, heredera de la Reconquista. Será por ello traído a España Colón con sus hermanos cargados de cadenas. A la espera de un Juicio de Residencia, serán cautelarmente suspendidos los capitulares títulos del Descubridor hasta ser juzgado, y en su caso absuelto. Esta figura procesal emanaba de los juristas dominicos de la Universidad de Salamanca, como embridado contra abusos y corruptelas del funcionariado público, que al final de su mandato había de ser investigado y juzgado por su desempeño. Un precedente de los juicios políticos que habrían de seguirse al cabo de siglos, en muchas repúblicas hispanoamericanas tras alcanzar la independencia. Colón es acusado por sus enemigos eclesiásticos y civiles de venalidad y evasión del impositivo Quinto Real, obligante en los placeres de perlas y yacimientos auríferos que explota a base de esclavos indios. El comendador Francisco de Bobadilla nuevo Gobernador en Santo Domingo será por tal motivo quien le devuelva a España encadenado (1500).

Vienen a poblar con Bobadilla 300 familias contratadas por 4 años, que pronto se desparraman sin control en busca de arenas y filones auríferos por tierras de La Vega y Haina, en un afán de ávido lucro y rápido atesoro para regresar de seguido a sus lares ibéricos. Físicamente lejos del sometimiento obligado a la obediencia del Gobernador, dejan sin cultivo las tierras adjudicadas. Los Amparos Reales, lotes comunitarios de tierra sementera, quedan en barbecho, eriales yermos que criminalizan una economía apenas subsistente.

Para gestionar esta gobernación que no puede concebir el monarca sino sólida y eficaz, envía a Nicolás de Ovando con el título de Gobernador de Indias (1501-1509). Hombre de prestigio con ideas claras y voluntad firme, Caballero de Alcántara y Comendador de Lares, Ovando comienza por pacificar la isla, alborotada por el mal gobierno de los hermanos Colón y del comendador Bobadilla. Por pacificar, entendía el monje-soldado someter, que no esclavizar, a todo indígena revoltoso o contrario al establecimiento español y sus leyes que en la isla hanse de implantar. Intuye el gran ensayo de poblamiento y catequización de un nuevo hecho social que durante aquel tiempo comienza a vislumbrarse. Y llega a La Española con una flota de 32 naves y 2500 colonos labradores, maestros canteros y artesanos, ganado mayor y menor, abundante provisión << de boca y guerra >> y 14 indios tainos que Colón llevara a España como muestra humana del Descubrimiento y que ahora se repatrían por orden de la Reina. En años anteriores había sido comisionado por el rey Fernando para restaurar la Valencia de Alcántara abatida durante la Sucesión castellana, donde conocerá las exigencias constructivas y estratégicas de toda villa fronteriza. Concibe y funda Santo Domingo, la primera ciudad europea del Nuevo Mundo. Como promotor del enclave urbano, convoca a sus gentes para elegir regidores que formen el Cabildo, suerte de corporación con derecho a convocatorias deliberantes sobre cuestiones ciudadanas de interés común. Primero ley y justicia, luego materializar el trazado y construcción de calles, plazas y edificios, en un orden de prioridades establecido de antaño. Su trama de damero, será referente para las futuras ciudades hispanas, con calles rectas formando cuadras, a veces ligeramente acuñadas por mor de la orografía o la climatología local. Las casas de madera y techo cañizo que habíanse construido al este del río, las levantan ahora al oeste en sillar o mampostería de piedra los maestros venidos y mano de obra india. Construyen la Fortaleza Ozama, primer bastión defensivo de la ciudad y su dársena, primigenio cuartel militar, residencia propia y futura de gobernadores. Se inicia bajo advocación de San Nicolás de Bari (1503) el primer Hospital, planta basilical cuyas naves laterales piensa dedicar a la atención de enfermos. La orden franciscana llega para construir su Convento de San Francisco (1508) que, fiel al querer de la Reina, va a convertirse en un foco de recepción de frailes que irradiará nuevas fundaciones y aulas por las Indias: su iglesia conventual (1532) sería el primer edificio eclesial inaugurado en el Nuevo Mundo.

Mente disciplinada, sabe Ovando rodearse de gente emprendedora, capaz de acometer el desafío de la expansión antillana, deseada por la Corona. Entre ellos, Diego Velazquez será Gobernador de Cuba, Ponce de León lo será de Puerto Rico, Diego de Esquivel ganará Jamaica, Pizarro El Perú, Cortés México y Balboa dará a su Rey el Mar del Sur. Ellos irradiarán hacia las nuevas gobernaciones las bases del poblamiento continental establecidas por Ovando en La Española. Son hijos del Renacimiento, emprendedores que autofinancian las empresas que acometen, una vez les ha sido otorgado el pertinente nombramiento regio, garantía escrita de su titularidad frente a la Ley o la desleal competencia. Y pagarán también el Quinto Real de sus ganancias, como todo súbdito de la Corona Castellana que las hubiere.

Agrupa a los colonos de anteriores épocas dispersos por la isla, entreverados en poblaciones indígenas y amancebados muchos de ellos con indias cuando no casados, y los concentra en las nuevas ciudades que va fundando. Al igual que los últimos incorporados, todo colono recibirá tierra, pero debe cultivarla, residir en ellas y pagar diezmos a la Corona. Los repartos de lotes se realizan por sorteo, y ante Notario Real se adjudican. Gozan de libertad para buscar yacimientos mineros, pero pagarán el Quinto Real de lo que obtengan: la misma política que va a perdurar por siglos en el Continente. Por encima de otros criterios bienpensantes, introduce Ovando entre sus colonos la “Encomienda” de indios, base realista futurible para una racional economía de mercado minera, agrícola y ganadera. Era la Encomienda institución de tradición castellana, que en América iba a evolucionar con los tiempos. Mediante ella un grupo de familias de indios, cacique incluido, quedaban por Real Orden sometidos al encomendero, hacendado que a cambio del trabajo de sus miembros estaba obligado a protegerles y cuidar su instrucción religiosa bajo dirección misionera. La organización por encomiendas había incorporado al quehacer de Castilla importantes regiones de reconquista mora. Pero iban a surgir en América otros problemas humanos, derivados de aplicarlo sobre gentes de economía subsistente o tradición seminómada, lejos del nivel social mudéjar de siglos anteriores al contemporáneo ensayo, y por tanto ajenas a toda idea de sistemático esfuerzo. La mano de obra era imprescindible para potenciar la empresa conquistadora. Hombres para dirigirla había, pero nunca el capital suficiente, ni mano de obra cuantitativa para desarrollarla. El hombre del Renacimiento sabía que para financiar sus empresas había que buscar ganancias in situ: las minas eran una pertinaz fuente de ingresos y para sus minerales estaba desarrollando la ciencia eficaces métodos de lavado y extracción. Los portugueses, siguiendo la romana huella, eran pioneros en África. Pero en la América no había marfil, ni ébano, ni Costa de Esclavos a cuyos caciques comprar para convertir sus cuerdas de presos en fuerza laboral. Pero había oro, que iba a trocarse en moneda de pago capaz de sufragar las empresas de Indias. Y había nativos, caníbales en las antillas menores, que debían aportar de grado o por la fuerza, la necesaria mano de obra. O no habría en el Mundo capacidad alguna para financiar la empresa americana, ni desarrollar entre sus gentes una cultura acorde con los tiempos. Cultura que en lenguaje renacentista no era sino civilidad cristiana. Quedarán establecidas por Real Orden las “Reducciones”, llamadas mas tarde “Corregimientos”, a fin de conformar esa sociedad de producción que se busca. Se agrupa a los indios no encomendados en núcleos étnicos, “repúblicas de indios” con autonomía administrativa y bajo autoridad de sus propios alcaldes y alguaciles. Toda Reducción debía gozar en propiedad de sus tierras ubicadas en una legua a la redonda, conucos si los hubiere incluidos, y podía vender la producción hortofrutícola sobrante en cualquier mercado ciudadano. Pero la explotación de minas y yacimientos estaba para ellos vedada. Pagarían sus tributos en especies de yuca, ajes, guáyiga, batata y maíz, motivo recurrente de sus cultivos.

Surgía empero la sorpresa demográfica de ver cómo poblaciones nativas se diezmaban o sucumbían bajo enfermedades que el europeo y el africano resistían secularmente. La viruela y el sarampión iban a convertirse en el flagelo de las razas indígenas y ante la disminución de la mano de obra se recurre a la tradicional servidumbre africana implantada en Europa desde la época romana y aún antes. La esclavitud era de consuetudinario arraigo entre los principios sociales y morales de la época. Ovando se muestra renuente a traer negros bozales. Por la experiencia habida de tiempo anterior y tratas clandestinas, era sabido que a la menor cuita se escapaban a los montes, donde pervivían entre indios impregnándoles sus malas artes….continuará —>